1. Antes de finalizar el
segundo mes del embarazo,
hay una clara respuesta del
feto a los estímulos. Las
ondas del EEG revelan que el
cerebro del niño no nacido
está funcionando.
2. Entre la octava y
la décima semana, ya se
puede detectar la actividad
del tálamo, donde se
encuentra el centro del
dolor. Los receptores
sensoriales nerviosos están
en la piel antes de la
novena semana de gestación.
3. Hacia el día 77 de
vida en el vientre materno,
el niño ya puede tragar (a
una velocidad que varía
según el nivel de dulce de
la sustancia que esté
tragando).
El Dr. Thomas Verny,
autor del libro The Secret
Life of the Unborn Child
("La vida secreta del niño
no nacido"), afirma que si a
la mitad del período del
embarazo, (hacia la mitad
del quinto mes) se coloca
una luz muy luminosa sobre
el abdomen de la madre, el
resplandor inducirá al niño
o la niña a mover sus manos
para protegerse los ojos. La
música a alto volumen
inducirá una respuesta
similar de las manos hacia
las orejas. A partir de las
19 semanas de gestación, se
ha registrado el movimiento
rápido de los ojos (REM por
sus siglas en inglés) con el
que los investigadores miden
los estados de alerta, de
dormir y los sueños. (¿De
manera que los niños en el
vientre materno sueñan?)
Todo esto nos indica
que, mientras más aprenden
los investigadorres sobre la
vida prenatal, más se
impresionan con las
conductas de vida
independiente y búsqueda de
preservación que se dan en
el habitante del vientre
materno. Inclusive las
sensaciones desagradables
leves no son bien toleradas.
El valeroso pequeño responde
con movimientos defensivos y
correctores asombrosos.
Si este ser
exquisitamente sensible es
atacado por el aborto, ¿cómo
podemos saber lo que le está
a punto de suceder?
Ya no tenemos que
adivinar. En 1984 durante la
Convención del Comité
Nacional Pro-Vida en Kansas
City, Estado de Missouri,
Estados Unidos, el Dr.
Bernard Nathanson, un ex-abortista
que ahora dicta conferencias
a favor del derecho a la
vida, mostró una película
extraordinaria, un sonograma
(película de ultrasonido) de
un aborto por succión. Lo
que sigue es el relato de
una de las delegadas, la
Sra. Sandy Ressel:
"El doctor decía: ‘La
pequeña niña tiene diez
semanas de vida y es muy
activa'. Podíamos verla en
sus juegos moviéndose,
volviéndose, y chupándose el
dedo pulgar. Podíamos ver su
pulso normal de 120
pulsaciones por minuto.
Cuando el primer instrumento
tocó la pared uterina, la
niña se replegó
inmediatamente y su pulso
aumentó considerablemente.
El cuerpo de la niña no
había sido tocado por ningún
instrumento, pero ya ella
sabía que algo estaba
tratando de invadir su
santuario.
"Nosotros vimos con
horror como, literalmente,
maltrataban y descuartizaban
a este pequeño ser humano
inocente. Primero la espina
dorsal, luego la pierna,
pieza por pieza, mientras la
niña tenía violentas
convulsiones. Vivió casi
todo este trágico proceso
tratando de esquivar el
intrumento cortante. Con mis
propios ojos le vi echar su
cabeza hacia atrás y abrir
su boca en lo que el Dr.
Nathanson llamó ‘un grito
silencioso'. En una parte de
estas escenas sus
pulsaciones habían llegado a
más de 200 por minuto,
porque tenía miedo. Por
último, fuimos testigos de
la macabra silueta del
forceps que buscaba la
cabeza para destrozarla y
retirarla, ya que era muy
grande para pasar por el
tubo de succión. Este
proceso homicida tomó de
unos 12 a 15 minutos. El
abortista que practicó esto
lo había filmado por
curiosidad. Cuando vió la
película dejó la clínica de
abortos y nunca más volvió."
El aborto por succión
apenas descrito es uno de
los métodos explicados en
los manuales del aborto.
Otro método es el del aborto
por dilatación y evacuación,
que se practica en embarazos
de más de 12 semanas. El
procedimiento produce una
innumerable cantidad de
heridas de cuchilla, hasta
que se produzce la muerte
del bebito no nacido, y dura
aproximadamente unos 10
minutos.
Para los abortos
tardíos de bebitos no
nacidos de más de 14 semanas
de gestación, existe un
tercer método que consiste
en inyectar una solución
salina hipertónica de alta
concentración dentro del
saco amniótico. Un manual de
obstetricia lo describe así:
"Esta solución altera la
placenta, logrando la
expulsión fetal 48 horas
después de la inyección de
la solución".
Las siguientes
declaraciones forenses
explican con más detalle el
método de aborto por
solución salina: "La acción
corrosiva de la solución
salina quema las capas
superiores de la piel del
feto. Cuando el feto es
expulsado hay edema
extensivo y degeneración de
las submembranas. Al dañar
de esta forma la superficie
del feto, la salinidad
excita los receptores del
dolor y estimula los
conductos neurales del
sistema nervioso central en
funcionamiento durante el
curso del aborto y hasta el
momento de la muerte del
feto."
Finalmente, toda duda
sobre la existencia de dolor
intenso producido por el
método de aborto por
solución salina desaparece
cuando vemos cómo en los
manuales sobre el aborto se
advierte a los médicos no
dejar que ni siquiera unas
gotas de la solución salina
entren en contacto con los
tejidos maternos, porque le
producirían un "intenso y
severo dolor". Esta es la
misma solución en la cual el
bebé nada y la cual traga
durante dos horas hasta que
se produce la muerte.
Otro procedimiento que
se utiliza para practicar
abortos tardíos es la
inyección de prostaglandinas.
Estas son unas potentes
sustancias químicas que
comprimen los vasos
sanguíneos e impiden el
funcionamiento normal del
corazón. ¿Sentirá dolor el
feto durante este
procedimiento? No tenemos
forma directa de saberlo.
Sin embargo, podemos
preguntarle a un paciente
con angina de pecho. Este
tipo de pacientes sufre
espasmos agudos en el pecho
porque algunos de sus vasos
sanguíneos están comprimidos.
Parece razonable suponer que
igualmente doloroso es la
contracción de los diminutos
vasos sanguíneos del bebé no
nacido. También podríamos
hacer estas preguntas a
alguien que haya sobrevivido
a un ataque cardiáco: ¿Cómo
se siente? ¿Duele? (Nota de
Vida Humana Internacional:
Los médicos pro-vida usan,
sin intenciones abortivas,
las prostaglandinas para la
inducción de trabajo de
parto en casos en los que
hay necesidad de hacerlo, y
no se reportan muertes
fetales por esa causa,
siendo considerado un método
adecuado para esos fines.
Todo consiste en vigilar la
actividad uterina y
mantenerla en límites
normales.)
Otro efecto
intencional de este químico
es inducir el parto de un
bebé que nace muerto. Con
este método, el infante
muere muy lentamente, quizás
al cabo de dos días, a causa
de complicaciones
cardiovasculares. Aunque se
supone que la muerte debe
ocurrir dentro del vientre
materno y usualmente así
ocurre, algunas veces el
niño nace con vida.
Probablemente su vida será
muy corta, porque lo que no
pudo la violencia dentro del
vientre materno, la no tan
benevolente negligencia
externa lo logrará: el
pequeño no contará con la
asistencia o ayuda del
personal médico entrenado
que está presente en la sala.
Escuchando el "grito
silencioso"
Este punto nos trae a
nuestra consideración final.
No olvidemos las palabras
del académico John Noonan,
en su libro New Perpectives
on Human Abortion ("Nuevas
perspectivas sobre el aborto
en los seres humanos"),
Aletheia Books, University
Publications of America,
Inc., donde se nos recuerda
el trauma que ocurre en
todos los abortos:
En esa obra, Noonan
dice: "Independientemente
del método que se utilice,
los niños están sufriendo el
peor de los males corporales,
el final de sus vidas. Están
pasando por la agonía
mortal. A pesar de su
precaria existencia, de sus
limitadas capacidades
cognitivas y de sus
rudimentarias sensaciones,
están experimentando la
desintegración de su ser y
la terminación de sus
capacidades vitales. Esta
experiencia en sí es
dolorosa".
Y continúa diciendo:
"No hay leyes que regulen el
sufrimiento de los abortados,
aunque sí las hay para
mitigar el dolor de los
animales... Es un signo, no
de error o debilidad, sino
de compasión cristiana el
amar a los animales. ¿Podrán
aquellos que se sienten
conmovidos por la ballena
arponeada, sentir compasión
por el niño impregnado de
solución salina...? Todo
nuestro conocimiento del
dolor ajeno es por simpatía,
pues no sentimos el dolor de
otros. Es por eso que el
dolor ajeno es tan tolerable
para nosotros. Pero si nos
identificamos con los que
sufren, ¿podremos sentir
algo de lo intolerable".
El señor Adrian Lee,
columnista del diario
Philadelphia Daily News,
concuerda con el profesor
Noonan: "El debate sobre el
aborto ya no volverá a ser
el mismo.... Las
distinciones entre la vida y
la vida potencial tienden a
ser abstractas... pero, al
hablar del dolor surge la
imagen del niño indefenso,
rodeado de cuchillas
quirúrgicas tormentosas y
soluciones (salinas) en el
lugar donde se supone que
esté más seguro: el vientre
materno. Al abortista
inyectar la solución que
quema la piel del niño,
realmente despelleja al feto
en vida, ¿quién no reacciona?"
(Philadelphia Daily News, 6
de marzo de 1984).
Existe la aterradora
posibilidad de que el
profesor Noonan y el señor
Lee sean muy optimistas. Con
tristeza nos percatamos que
podría haber gente que no
reacciona a nada de esto. ¿Por
qué? Porque irónicamente es
demasiado "doloroso" para
ellos pensar en estos
asuntos. Por eso miran hacia
otro lado, pretendiendo que
estos horrores no están
sucediendo en nuestro mundo.
Nos viene a la mente
una comparación. En 1966, el
Dr. Fredric Wetham escribió
un libro titulado A Sign for
Cain ("Una señal para Caín"),
que fue publicado
originalmente en inglés por
Ligouri Publications (Box
060, Ligouri, Missouri,
63057, USA), y que documenta
el programa de eutanasia
realizado por médicos
alemanes desde 1939 hasta
1945. Aunque actualmente
este libro está agotado,
algunas secciones de los
capítulos 8 y 9 están
disponibles en The German
Euthanasia Program: Excerpts
from A Sign for Cain ("El
programa alemán de eutanasia:
Fragmentos de ‘Una señal
para Caín'"), Cincinnati:
Hayes Publishing Company,
1978. (Para obtener esta
publicación, diríjase a
Hayes Publishing Company,
6304 Hamilton Avenue,
Cincinnati, OH45224.) En el
capítulo 8 del libro
original, que se encuentra
parcialmente en esta
publicación apenas
mencionada, se encuentra el
siguiente párrafo:
"Tenemos una
propensión a pensar en los
campos de concentración como
sitios cerrados, con unos
cuantos edificios rodeados
por cercas de alambre de
púas y ubicados en sitios
aislados. En realidad eran
barracas, muchos edificios,
grandes instalaciones
industriales, fábricas,
estaciones ferroviarias....Todos
estos agregados cubrían
extensos territorios e
involucraban extensas redes
de comunicació. Estas
ramificaciones por sí solas
demuestran lo absurdo que es
afirmar y creer que la
población no sabía nada
sobre ellos. Estos campos
eran centro del interés
público. Miles de personas
en los campos y en la
población en general tenían
contactos laborales con
ellos"
¿Cuántos miles de
personas están involucradas
en el negocio
multimillonario de la
industria del aborto? ¿Podemos
pretender que no sabemos lo
que sucede en nuestro país?
¿Quién no ha escuchado los
debates en el Congreso, las
cortes y las cámaras
estatales? Cuando
diariamente camino al
trabajo, paso frente a
lindos y aseados edificios
que eufemísticamente se
llaman "Centro de Salud
Femenina" o "Clínica de
Reproducción Familiar", pero
que en realidad son clínicas
de abortos. ¿Podemos fingir
ignorar lo que realmente se
está haciendo en ellos?
Una cosa es cierta, el
aborto es un baño de sangre
acompañado de dolor, y
continuará mientras sigamos
ignorando esta realidad. Si
desviamos nuestra mirada a
lo que ocurre en este océano
de sufrimiento, si rehusamos
reconocer la atrocidad que
se cometen con las 1,5
millones de pequeñas
víctimas del aborto
quirúrgico cada año (un
aborto cada 21 segundos en
Estados Unidos), si tapamos
nuestros oídos a todos esos
"gritos silenciosos"que
emanan del vientre de la
madre, ¿sería entonces
posible podremos afirmar que
somos seres humanos con
compasión por los demás? Si
sabemos todo esto y no
hacemos nada para evitarlo,
¿cómo podemos llamarnos
civilizados? Pero, en el
fondo, lo que digamos de
nosotros mismos no tiene
mucha importancia; más bien
lo importante es: ¿Qué
excusa daremos ante el
Tribunal de Dios?