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Domingo, 08 de Mayo de 2005

EL DOLOR COMPROBADO DEL FETO HACE REFLEXIONAR A LOS CIENTÍFICOS



Entrevista con el doctor Carlo Bellieni

ROMA, miércoles, 11 mayo 2004 (ZENIT.org).- El dolor del feto, comprobado por la ciencia, plantea serias reflexiones a los científicos, y demuestra que es «acientífico» tratar «la vida prenatal como si fuera de segunda clase», advierte el neonatólogo italiano Carlo Bellieni.
En esta entrevista concedida a ZENIT el especialista alerta de que la ciencia no puede contradecir el hecho de que el feto sea persona.

¿Qué experimenta un feto? ¿Cuáles son sus derechos? ¿Qué dice la ciencia al respecto? ¿Es la fecundación artificial verdaderamente inocua? Son cuestiones que ha abordado el doctor Bellieni sobre la base de una profunda y precisa documentación científica en el libro «L’alba dell’io: dolore, memoria, desiderio, sogno del feto» --«El amanecer del yo: dolor, memoria, deseo, sueño del feto»-- (Editorial SEF).
El doctor Bellieni lleva años ocupado en la investigación del dolor del feto y del neonato con su trabajo en el departamento de Terapia Intensiva Neonatal del Policlínico Universitario «Le Scotte» de Siena (Italia).

--¿El feto siente dolor?

--Dr. Carlo Bellieni: Ciertamente sí. No sólo siente dolor, sino que su percepción parece ser más profunda que la de un niño mayor. Lo sabemos porque faltan en la vida fetal muchas de las «estrategias» que sin embargo se encargan tras el nacimiento de no sentir el dolor. Sin embargo, ya desde la mitad de la gestación los estímulos dolorosos han abierto todas sus vías para ser percibidos.

--¿Así que el feto es ya un pequeño paciente?

--Dr. Carlo Bellieni: En efecto. Los neonatólogos modernos tienen el privilegio de atender justamente a los fetos. Los tenemos entre las manos: a veces tienen el peso de una manzana; algunos son poco mayores que una mano. Han nacido prematuramente y durante meses deberán permanecer en sofisticadas incubadoras, atendidos y controlados 24 horas al día con instrumentos de alta tecnología.
Y a ninguno de los que les atiende se le ocurre poner en duda que sean nuestros pacientes, que sean personas. A veces son tan pequeños que nuestros esfuerzos son inútiles. Mueren. Y nosotros sólo podemos, junto a los padres, bautizarlos.
Y todos demuestran una vitalidad inesperada por la edad y las dimensiones. Hoy sabemos que el feto dentro del útero materno percibe olores y sabores. Oye los sonidos. Los recuerda después del nacimiento.
Desde luego sabemos que el feto, desde las 30 semanas de gestación, es capaz de soñar. Todas estas características permiten apreciar las dimensiones humanas. Este paciente en los últimos años ha sido objeto de investigación para garantizarle la salud desde el útero materno.

--¿Puede darnos algún ejemplo de a qué se refiere cuando dice que el feto es una persona?

--Dr. Carlo Bellieni: En cuanto nace, el niño muestra de forma científicamente demostrada que reconoce la voz de su madre y la distingue de la voz de un extraño. ¿Dónde ha aprendido esa voz más que en el seno materno?
Existen también pruebas directas. Por ejemplo, registramos cómo varían los movimientos y la frecuencia cardiaca del feto si le transmitimos sonidos imprevistos a través de la pared uterina. Y vemos que primero se sobresalta, después se acostumbra, igual que hacemos nosotros como oímos algo que nos interesa.
En realidad la evidencia científica es inmensa. No se comprende cómo alguien pueda pensar que «se hace» persona en cierto punto, tal vez al salir del útero. Realmente en el nacimiento, desde el punto de vista físico, se cambia verdaderamente poco: entra aire en los pulmones, se interrumpe la llegada de sangre desde la placenta, cambia el tipo de circulación de la sangre en el corazón y poco más.
Como a menudo digo, sólo la fe ciega en artes mágicas o alguna extraña divinidad puede hacer pensar que exista un salto de calidad «humana» en un determinado momento, no ciertamente la ciencia.

--Entonces la afirmación según la cual la vida humana comienza con el nacimiento es menos científica que la que sostiene que está ligada al momento de la concepción.

--Dr. Carlo Bellieni: ¡Sin duda! Cuando se unen los patrimonios genéticos del óvulo y del espermatozoide comienza un proceso que es único e irrepetible justamente porque nadie en el mundo tiene un ADN igual al de esa pequeña célula fecundada. Tampoco sus padres. Por lo tanto es absurdo decir que el feto es propiedad de la madre (o del padre).
Hace algunos días hablaba a chicas de enseñanza superior y les decía: «Si hoy volvéis a casa y vuestro papá os dice que hagáis algo porque sois “suyas”, porque sois “un derecho suyo”, ¿qué pensáis? Que vuestro papá no se encuentra bien. Pues actualmente os están enseñando esto: que el hijo es un derecho de los padres, una “elección” de los padres».

--¿No es así?

--Dr. Carlo Bellieni: ¡No faltaría más! Precisamente estudiando al niño prematuro, al feto, se constata que la dignidad humana no se adquiere con la mayoría de edad, o con el nacimiento o con el peso; si no serían humanos sólo los guapos, ricos o poderosos.
El respeto hacia estos pequeños niños tan frágiles es inmediato y nos enseña que su valor (nuestro valor) no depende de cosas contingentes: depende sólo de ser, y formar parte de aquel nivel de la naturaleza que se llama humanidad.
Es fácil, para poder actuar sobre alguien, quitarle el estatus de persona; pero no debemos permitirlo.







       

Evidencias científicas del dolor que sufre el feto al ser deliberadamente abortado
Por los doctores Vincent J. Collins y
Steven R.Zielinski y el abogado
Thomas J. Marzen, Esq.

 

1. Antes de finalizar el segundo mes del embarazo, hay una clara respuesta del feto a los estímulos. Las ondas del EEG revelan que el cerebro del niño no nacido está funcionando.

2. Entre la octava y la décima semana, ya se puede detectar la actividad del tálamo, donde se encuentra el centro del dolor. Los receptores sensoriales nerviosos están en la piel antes de la novena semana de gestación.

3. Hacia el día 77 de vida en el vientre materno, el niño ya puede tragar (a una velocidad que varía según el nivel de dulce de la sustancia que esté tragando).

El Dr. Thomas Verny, autor del libro The Secret Life of the Unborn Child ("La vida secreta del niño no nacido"), afirma que si a la mitad del período del embarazo, (hacia la mitad del quinto mes) se coloca una luz muy luminosa sobre el abdomen de la madre, el resplandor inducirá al niño o la niña a mover sus manos para protegerse los ojos. La música a alto volumen inducirá una respuesta similar de las manos hacia las orejas. A partir de las 19 semanas de gestación, se ha registrado el movimiento rápido de los ojos (REM por sus siglas en inglés) con el que los investigadores miden los estados de alerta, de dormir y los sueños. (¿De manera que los niños en el vientre materno sueñan?)

Todo esto nos indica que, mientras más aprenden los investigadorres sobre la vida prenatal, más se impresionan con las conductas de vida independiente y búsqueda de preservación que se dan en el habitante del vientre materno. Inclusive las sensaciones desagradables leves no son bien toleradas. El valeroso pequeño responde con movimientos defensivos y correctores asombrosos.

Si este ser exquisitamente sensible es atacado por el aborto, ¿cómo podemos saber lo que le está a punto de suceder?

Ya no tenemos que adivinar. En 1984 durante la Convención del Comité Nacional Pro-Vida en Kansas City, Estado de Missouri, Estados Unidos, el Dr. Bernard Nathanson, un ex-abortista que ahora dicta conferencias a favor del derecho a la vida, mostró una película extraordinaria, un sonograma (película de ultrasonido) de un aborto por succión. Lo que sigue es el relato de una de las delegadas, la Sra. Sandy Ressel:

"El doctor decía: ‘La pequeña niña tiene diez semanas de vida y es muy activa'. Podíamos verla en sus juegos moviéndose, volviéndose, y chupándose el dedo pulgar. Podíamos ver su pulso normal de 120 pulsaciones por minuto. Cuando el primer instrumento tocó la pared uterina, la niña se replegó inmediatamente y su pulso aumentó considerablemente. El cuerpo de la niña no había sido tocado por ningún instrumento, pero ya ella sabía que algo estaba tratando de invadir su santuario.

"Nosotros vimos con horror como, literalmente, maltrataban y descuartizaban a este pequeño ser humano inocente. Primero la espina dorsal, luego la pierna, pieza por pieza, mientras la niña tenía violentas convulsiones. Vivió casi todo este trágico proceso tratando de esquivar el intrumento cortante. Con mis propios ojos le vi echar su cabeza hacia atrás y abrir su boca en lo que el Dr. Nathanson llamó ‘un grito silencioso'. En una parte de estas escenas sus pulsaciones habían llegado a más de 200 por minuto, porque tenía miedo. Por último, fuimos testigos de la macabra silueta del forceps que buscaba la cabeza para destrozarla y retirarla, ya que era muy grande para pasar por el tubo de succión. Este proceso homicida tomó de unos 12 a 15 minutos. El abortista que practicó esto lo había filmado por curiosidad. Cuando vió la película dejó la clínica de abortos y nunca más volvió."

El aborto por succión apenas descrito es uno de los métodos explicados en los manuales del aborto. Otro método es el del aborto por dilatación y evacuación, que se practica en embarazos de más de 12 semanas. El procedimiento produce una innumerable cantidad de heridas de cuchilla, hasta que se produzce la muerte del bebito no nacido, y dura aproximadamente unos 10 minutos.

Para los abortos tardíos de bebitos no nacidos de más de 14 semanas de gestación, existe un tercer método que consiste en inyectar una solución salina hipertónica de alta concentración dentro del saco amniótico. Un manual de obstetricia lo describe así: "Esta solución altera la placenta, logrando la expulsión fetal 48 horas después de la inyección de la solución".

Las siguientes declaraciones forenses explican con más detalle el método de aborto por solución salina: "La acción corrosiva de la solución salina quema las capas superiores de la piel del feto. Cuando el feto es expulsado hay edema extensivo y degeneración de las submembranas. Al dañar de esta forma la superficie del feto, la salinidad excita los receptores del dolor y estimula los conductos neurales del sistema nervioso central en funcionamiento durante el curso del aborto y hasta el momento de la muerte del feto."

Finalmente, toda duda sobre la existencia de dolor intenso producido por el método de aborto por solución salina desaparece cuando vemos cómo en los manuales sobre el aborto se advierte a los médicos no dejar que ni siquiera unas gotas de la solución salina entren en contacto con los tejidos maternos, porque le producirían un "intenso y severo dolor". Esta es la misma solución en la cual el bebé nada y la cual traga durante dos horas hasta que se produce la muerte.

Otro procedimiento que se utiliza para practicar abortos tardíos es la inyección de prostaglandinas. Estas son unas potentes sustancias químicas que comprimen los vasos sanguíneos e impiden el funcionamiento normal del corazón. ¿Sentirá dolor el feto durante este procedimiento? No tenemos forma directa de saberlo. Sin embargo, podemos preguntarle a un paciente con angina de pecho. Este tipo de pacientes sufre espasmos agudos en el pecho porque algunos de sus vasos sanguíneos están comprimidos. Parece razonable suponer que igualmente doloroso es la contracción de los diminutos vasos sanguíneos del bebé no nacido. También podríamos hacer estas preguntas a alguien que haya sobrevivido a un ataque cardiáco: ¿Cómo se siente? ¿Duele? (Nota de Vida Humana Internacional: Los médicos pro-vida usan, sin intenciones abortivas, las prostaglandinas para la inducción de trabajo de parto en casos en los que hay necesidad de hacerlo, y no se reportan muertes fetales por esa causa, siendo considerado un método adecuado para esos fines. Todo consiste en vigilar la actividad uterina y mantenerla en límites normales.)

Otro efecto intencional de este químico es inducir el parto de un bebé que nace muerto. Con este método, el infante muere muy lentamente, quizás al cabo de dos días, a causa de complicaciones cardiovasculares. Aunque se supone que la muerte debe ocurrir dentro del vientre materno y usualmente así ocurre, algunas veces el niño nace con vida. Probablemente su vida será muy corta, porque lo que no pudo la violencia dentro del vientre materno, la no tan benevolente negligencia externa lo logrará: el pequeño no contará con la asistencia o ayuda del personal médico entrenado que está presente en la sala.

Escuchando el "grito silencioso"

Este punto nos trae a nuestra consideración final. No olvidemos las palabras del académico John Noonan, en su libro New Perpectives on Human Abortion ("Nuevas perspectivas sobre el aborto en los seres humanos"), Aletheia Books, University Publications of America, Inc., donde se nos recuerda el trauma que ocurre en todos los abortos:

En esa obra, Noonan dice: "Independientemente del método que se utilice, los niños están sufriendo el peor de los males corporales, el final de sus vidas. Están pasando por la agonía mortal. A pesar de su precaria existencia, de sus limitadas capacidades cognitivas y de sus rudimentarias sensaciones, están experimentando la desintegración de su ser y la terminación de sus capacidades vitales. Esta experiencia en sí es dolorosa".

Y continúa diciendo: "No hay leyes que regulen el sufrimiento de los abortados, aunque sí las hay para mitigar el dolor de los animales... Es un signo, no de error o debilidad, sino de compasión cristiana el amar a los animales. ¿Podrán aquellos que se sienten conmovidos por la ballena arponeada, sentir compasión por el niño impregnado de solución salina...? Todo nuestro conocimiento del dolor ajeno es por simpatía, pues no sentimos el dolor de otros. Es por eso que el dolor ajeno es tan tolerable para nosotros. Pero si nos identificamos con los que sufren, ¿podremos sentir algo de lo intolerable".

El señor Adrian Lee, columnista del diario Philadelphia Daily News, concuerda con el profesor Noonan: "El debate sobre el aborto ya no volverá a ser el mismo.... Las distinciones entre la vida y la vida potencial tienden a ser abstractas... pero, al hablar del dolor surge la imagen del niño indefenso, rodeado de cuchillas quirúrgicas tormentosas y soluciones (salinas) en el lugar donde se supone que esté más seguro: el vientre materno. Al abortista inyectar la solución que quema la piel del niño, realmente despelleja al feto en vida, ¿quién no reacciona?" (Philadelphia Daily News, 6 de marzo de 1984).

Existe la aterradora posibilidad de que el profesor Noonan y el señor Lee sean muy optimistas. Con tristeza nos percatamos que podría haber gente que no reacciona a nada de esto. ¿Por qué? Porque irónicamente es demasiado "doloroso" para ellos pensar en estos asuntos. Por eso miran hacia otro lado, pretendiendo que estos horrores no están sucediendo en nuestro mundo.

Nos viene a la mente una comparación. En 1966, el Dr. Fredric Wetham escribió un libro titulado A Sign for Cain ("Una señal para Caín"), que fue publicado originalmente en inglés por Ligouri Publications (Box 060, Ligouri, Missouri, 63057, USA), y que documenta el programa de eutanasia realizado por médicos alemanes desde 1939 hasta 1945. Aunque actualmente este libro está agotado, algunas secciones de los capítulos 8 y 9 están disponibles en The German Euthanasia Program: Excerpts from A Sign for Cain ("El programa alemán de eutanasia: Fragmentos de ‘Una señal para Caín'"), Cincinnati: Hayes Publishing Company, 1978. (Para obtener esta publicación, diríjase a Hayes Publishing Company, 6304 Hamilton Avenue, Cincinnati, OH45224.) En el capítulo 8 del libro original, que se encuentra parcialmente en esta publicación apenas mencionada, se encuentra el siguiente párrafo:

"Tenemos una propensión a pensar en los campos de concentración como sitios cerrados, con unos cuantos edificios rodeados por cercas de alambre de púas y ubicados en sitios aislados. En realidad eran barracas, muchos edificios, grandes instalaciones industriales, fábricas, estaciones ferroviarias....Todos estos agregados cubrían extensos territorios e involucraban extensas redes de comunicació. Estas ramificaciones por sí solas demuestran lo absurdo que es afirmar y creer que la población no sabía nada sobre ellos. Estos campos eran centro del interés público. Miles de personas en los campos y en la población en general tenían contactos laborales con ellos"

¿Cuántos miles de personas están involucradas en el negocio multimillonario de la industria del aborto? ¿Podemos pretender que no sabemos lo que sucede en nuestro país? ¿Quién no ha escuchado los debates en el Congreso, las cortes y las cámaras estatales? Cuando diariamente camino al trabajo, paso frente a lindos y aseados edificios que eufemísticamente se llaman "Centro de Salud Femenina" o "Clínica de Reproducción Familiar", pero que en realidad son clínicas de abortos. ¿Podemos fingir ignorar lo que realmente se está haciendo en ellos?

Una cosa es cierta, el aborto es un baño de sangre acompañado de dolor, y continuará mientras sigamos ignorando esta realidad. Si desviamos nuestra mirada a lo que ocurre en este océano de sufrimiento, si rehusamos reconocer la atrocidad que se cometen con las 1,5 millones de pequeñas víctimas del aborto quirúrgico cada año (un aborto cada 21 segundos en Estados Unidos), si tapamos nuestros oídos a todos esos "gritos silenciosos"que emanan del vientre de la madre, ¿sería entonces posible podremos afirmar que somos seres humanos con compasión por los demás? Si sabemos todo esto y no hacemos nada para evitarlo, ¿cómo podemos llamarnos civilizados? Pero, en el fondo, lo que digamos de nosotros mismos no tiene mucha importancia; más bien lo importante es: ¿Qué excusa daremos ante el Tribunal de Dios?

 

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                                    Publicadas las cifras de abortos

Feto de 8 semanasSi estudiamos su evolución en los últimos cinco años, las cifras siguen siendo igual de alarmantes: el aborto ha crecido un 55,6% y la natalidad sólo el 12,9%: un 15,6% de las vidas nacientes son segadas antes de ver la luz!
 

El motivo que alegaron las madres para pedir a sus médicos que eliminasen a sus hijos fué, casi por unanimidad, el riesgo para la salud materna: fundamentalmente riesgo psicológico. Sólo en un 3,03% se alegó peligro para el feto (¿es que hay peligro mayor que el propio aborto?; y en un 0,03% se adujo violación.

La mayor incidencia de abortos se produce en mujeres de 20 a 24 años (el 14,37 mujeres de cada mil de estas edades han abortado): ¿cómo puede ser que el mayor peligro para la madre sea precisamente en las edades en que más preparadas están para la maternidad?

Siguiendo con la tónica de otros años, el 97,53% de los abortos se practicaron en clínicas privadas, convirtiendo la muerte del no nacido en el negocio más lucrativo y con futuro de los próximos años (si Familia y Vida no lo impide). Ya no hace falta el cuarto supuesto, porque nuestro Gobierno ha implantado un quinto supuesto: el aborto libre como negocio.

Familia y Vida exige la derogación de la Ley de Despenalización; y mientras esto se consigue, exigirá la aplicación estricta de la despenalización a los tres supuestos que contempla la norma, con el debido control administrativo y judicial que evite la impunidad con que actualmente se cometen este tipo de homicidios.


FUENTE: vidahumana.org

 

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