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Todos
los testimonios
reales que se han recabado en la
red y que aquí se exponen, tienen el
propósito de ayudar a tomar la mejor
y mas sana
decisión
a
aquellas mujeres que puedan estar pensando
en hacer un aborto y la mejor decisión
que se puede tomar
en la vida de un ser humano, es
LA VIDA misma.
Cuando una mujer se siente sola, responsable
de tomar una decisión que a veces ella misma
no quisiera tomar, pero su pareja,
familia, el sentimiento de vergüenza, la
economía o muchísimas otras razones
mas, parecen que la
obligan a tomar una decisión drástica.
Cuando una mujer presionada
no sabe que actitud
tomar, es de mucha ayuda poder saber sobre
personas que han estado en su misma
situación y que consecuencias
o
marcas dejaron
el haber tomado una
terrible decision.
Testimonio
de marijose que abortó con 17 años
Me siento
muy culpable y no sé cómo remediar este
dolor que llevo dentro desde hace cuatro
años.. ...
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Me
arrepentí esa misma noche, pero ya era
demasiado tarde
Yo aborté a mi bebé hace 13 años. Era un
embarazo de 17 semanas. Soy una asesina.
Estaba indecisa de hacerlo, pero...
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Mujer
encuentra cabeza del bebé que abortó
Davina Chambers nunca
será la misma. Pocas horas después de someterse a un aborto
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Una
mujer ayudada psicológicamente tras su aborto
Me quedaba un día entero de
contracciones y parto para expulsar a mi
hijo muerto en el Centro El Bosque de Madrid...
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Nunca nadie me informo de las consecuencias psicológicas que iba a
sufrir tras abortar.
Éste es el
comienzo del relato de Mª Esperanza Puente, que cuenta a
ALBA los
recuerdos de la que ha sido la experiencia más dura de su vida
....LEER MAS
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Yo aborté y nunca
volvería a hacerlo
Tan solo llevaba viviendo
tres meses en España cuando me quedé embarazada. Tenía 24 años, y
.....
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Yo
aborté hace dos años
por su gran interés, el
testimonio de una mujer joven que sufrió un aborto provocado hace dos años
en Andalucía. Lucía Fernández es española. Ahora tiene 30
años. La entrevistamos recientemente para que nos contara qué es el aborto
y cómo lo vive la mujer....
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El
problema del aborto en una pareja de estudiantes
Raúl, 23 años, estudiante: “Ni
miramos la ecografía. Era de seis semanas.
La historia: Un embarazo no deseado
Los protagonistas: Raúl y Rosa. Estudiantes.
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Seis
mujeres relatan el infierno en el que han estado inmersas tras terminar
con su embarazo
El
aborto no es una simple «operación médica». Así lo confirman muchos
testimonios de mujeres que han
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Testimonio de una especialista en ecografías
En 1979 después de haberme practicado dos abortos,
comencé un entrenamiento en ultrasonidos.......
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Una abortista vuelve a la casa del Padre Por Carol Everett
Creí que ellos nunca podrían perdonarme. En mi mente
el aborto era un pecado imperdonable........LEER MAS
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Víctima de un abortero explotador
Yo
era una joven universitaria muy impresionable, así que al descubrir que
una estación de radio muy popular en Long Island estaba...LEER MAS |
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Me duele el alma
Solo tengo 18 años y no he hablado de esto con nadie,
solo puedo decir que me duele el cuerpo y el alma a pesar de el tiempo que
ha pasado.....
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No quiero que vivan lo mismo que yo
....es
una elección, pero si pudiesen vivir lo que vivo yo hoy en día, dirían que
no! .....LEER MAS
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Nunca terminaré de pagar este error
Estoy muy
confundida con respecto a lo que paso algún tiempo, me provoqué una
succión uterina, yo en ese momento
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Desde entonces no vivo en paz
No sé realmente como comenzar, aún me duele lo que hice. Tal
vez este demás escribir como me embaracé y los motivos que
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Por mi angelito solo me queda rezar
me realicé un aborto de lo cual me arrepiento y no
volvería hacer jamás,LEER MAS |
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Ya
hace mas de 15 años... Me hice 3 abortos hace mas de 15 años,
y me he.... LEER MAS
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Soy una mujer de 27 años, que desea contarles
lo dificil
que ha sido mi vida, luego de haberme practicado un aborto.
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Rechazo de un regalito...tengo
22 años y me siento muy mal emocionalmente, así como deben sentirse
muchísimas mujeres después que han decidido abortar,....
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Siempre hubiera dado la vida por EL...
Como árabe que es me dijo que
si decidía tenerlo pagaba a un par de moros y cuando diera a luz me lo
secuestrarían. Me lo dejó muy claro: O ABORTAS O ME LLEVO AL NIÑO A MI
PAÍS Y NO LO VUELVES A VER MÁS.
LEER MAS
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Otra
noche más en blanco
Cuando supe que estaba
embarazada no se lo conté a nadie. Estaba en USA con mi novio,
enamoradísima y feliz..
LEER MAS |
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Hola, Mi nombre es Julieta Pérez, tengo
32 años de edad y me alegra que haya
personas que quieren hacer algo para
detener esta masacre. Yo me uno a
ustedes desde México, Distrito Federal.
Yo aborté a mi bebé hace 13 años. Era un
embarazo de 17 semanas. Soy una asesina.
Estaba indecisa de hacerlo, pero
desgraciadamente las personas que me
rodeaban, me motivaron y convencieron de
que era lo mejor para mí. (Claro que
nunca pensamos en mi bebé). Fui egoísta
y aunque dudosa, lo hice. Esa misma
tarde, luego del asesinato, inició mi
infierno. Me arrepentí esa misma noche,
pero ya era demasiado tarde. Hasta la
fecha, me duele, me he confesado varias
veces y aunque he obtenido la absolución,
en mi corazón, yo no me lo perdono. No
hay día que deje de lamentarlo. Y pienso
en la edad que tendría mi hijo y duele
mucho. A veces tengo una ansiedad
desesperante, casi enloquecedora, porque
quisiera volver el tiempo atrás para
recibir a mi hijo con amor.
Esta es mi confesión. Y por eso estoy
comprometida no solo conmigo, sino con
Dios, a luchar por la vida.
Gracias a Dios porque existe este lugar
que pueda orientar a las jóvenes a hacer
lo correcto.
Yo estoy con ustedes.

25 SEMANAS
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Mujer encuentra cabeza
del bebé que abortó
LONDRES, 18 Ago. 04 (ACI).-
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Davina Chambers nunca
será la misma. Pocas horas después de
someterse a un aborto,
entendió
que había matado a su propio hijo.
Ella expulsó en el baño de su casa la cabeza
seccionada de su bebé, que había permanecido
en su vientre por el descuido del médico que
la atendió. La joven inglesa de 29 años de
edad tenía solo doce semanas de gestación.
Decidió abortar agobiada por una
enfermedad hepática, depresión y porque creía
que no
|
atender a
sus otros tres hijos. Sin embargo, nunca imaginó que
ese aborto -lejos de resolver su problema- le
ocasionaría el mayor dolor de su vida. Chambers se
sometió al aborto en el King's College Hospital de
Londres. Fue dada de alta el mismo día, luego que
médicos le hicieran tres "escaneos" para cerciorarse
de que había expulsado todas las partes del feto.
Luego ocurrió lo inimaginable. "A la medianoche fui
al baño y estaba sentada ahí cuando sentí que algo
salió de mí como si hubiese dado a luz. Miré el
inodoro y vi algo que parecía tener un hueso
atravesado", relató. Examinó lo que expulsó junto a
su ex pareja y distinguieron ojos, nariz, boca y
hasta orejas. La cabeza media poco más de cuatro
centímetros. Los dos adultos irrumpieron en un
profundo llanto. Al descubrir la cabeza, Chambers
llamó a una ambulancia y fue internada
inmediatamente. Los médicos esta vez le dijeron que
pudo haber muerto si la cabecita permanecía en su
útero por más tiempo. El hombre que le practicó el
aborto le pidió disculpas y trató de llevarse los
restos de su hijo, pero la angustiada madre se
resistió y le explicó que "deseamos darle una
sepultura adecuada". Una portavoz del King's College
Hospital declaró a la prensa que Chambers ya
presentó una queja formal por la negligencia.
FUENTE:Testimonios
(familiayvida.com)
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Testimonio de Paula:
una mujer ayudada psicológicamente
tras su aborto
Me quedaba un día entero de contracciones y parto
para expulsar a mi hijo muerto
en el Centro El Bosque de Madrid...
Testimonio de una mujer atendida por
No Más Silencio,
que presta ayuda terapeútica tras el aborto.
"Yo era una
chica normal, buena estudiante, de una familia de
clase media pero con un problema de alcoholismo de
mi padre que marcó mucho mi infancia y la de mi
hermano, dos años menor que yo. Desde pequeños
supimos que pasaba algo en casa pero entonces no
sabíamos muy bien el qué. Sabíamos que la tendencia
era la siguiente: mi padre llegaba a casa tarde, mis
padres discutían un poco, a lo mejor no se hablaban
en dos días, pero después todo seguía igual, como si
nada hubiese ocurrido. Nunca se hablaban los
problemas en mi casa. Creo que fue la forma en que
mi madre la pobre pudo continuar, olvidándose de lo
que había en casa. Creo que lo hizo muy bien con
nosotros dos a pesar de los problemas que el
alcoholismo de un familiar genera.
Crecí siendo
muy tímida y avergonzada del problema de mi padre,
siempre me hizo sentir muy insegura, por si esto
fuera poco además de no hablar de lo de mi padre, yo
tampoco hablaba de mis problemas con mi madre por no
preocuparla. Sabía que tenía puestas muchas
expectativas en mi hermano y en mí y nunca quisimos
preocuparla, sólo ser buenos hijos. Como digo era la
tónica general en mi casa, nada malo se hablaba.
A los 15 años
me enamoré locamente de un chico (mi actual pareja),
yo solo quería ser feliz y olvidarme de los
problemas de casa, sentía que él me quería y yo
estaba como loca.
A los 16 años
me propuso mantener relaciones sexuales y yo por esa
falta de seguridad que tenía me lance, sentía que si
decía que no le defraudaba (una vez más yo quería
contentar a todo el mundo). El resultado fue que me
quede embarazada. Cuando se lo dije a él se aterró,
se le vino el mundo encima, éramos unos críos y él
en aquel momento no supo ver otra opción que el
aborto, me dijo que hablara con mis padres cuanto
antes.
Yo sabía lo que
había en mi casa y tenía terror solo pensar que
diciendo eso les iba a disgustar, sobre todo le iba
a fallar a mi madre, así que lo oculté hasta que
estuve embarazada de 6 meses, a mi novio le daba
largas, le decía que ya había hablado y que íbamos a
poner remedio, que tranquilo. La verdad que tampoco
se atrevió a venir nunca a casa de mis padres
conmigo, creo que le superó la situación. Yo en mi
mente de niña no se como fui capaz de olvidar el
embarazo, pero viví todo ese tiempo como si no
estuviera embarazada, es más, para mi no lo estaba.
Bueno pues
evidentemente estas cosas tarde o temprano se saben
y cuando mi madre se entero se quedó deshecha, todas
las expectativas que había puesto en mi, sobre todo
en cuanto a mi formación, se venían abajo. Así que
se planteó el tema del aborto como primera opción (claro
que ella no sabía que estaba de 6 meses), cuando se
confirmó mi estado y el tiempo de embarazo, nos
dijeron que donde yo vivía no había ninguna clínica
que lo hiciera, pero que en Madrid había una clínica
“EL BOSQUE”, que era especialista en abortos tardíos.
Hablamos con una asistente social, llamó a la
clínica y le dijeron que si iba al día siguiente me
lo hacían.
A todo esto yo
no decía ni mu, nunca decidí nada, no me sentía
capaz. Ypara que mi madre tomara la decisión se
dieron tres tristes circunstancias: 1-mi madre
quería mi felicidad y pensaba que si tenía un hijo a
esa edad no iba a ser feliz como no lo era ella,
quería para mi lo mejor y se equivocó. 2-una prima
mía (esto lo supe después del retiro) aborto hace 20
años también un embarazo de 6 meses y nunca tuvo
ningún problema físico ni psicológico, se caso tuvo
dos hijas y todo normal hasta ahora. 3-nos
aseguraron que físicamente no había ninguna problema
porque la clínica estaba especializada y saldría
como si tuviera la regla, todo muy fácil, por
supuesto de los psicológico no te hablan y por
supuesto cuando actúas bajo el miedo no piensas
realmente lo que vas a hacer.
Pues bien
llegué a la clínica, me hicieron una ecografía y me
dijeron que me lo hacían, que estaba dentro todavía
de los límites legales. Me dijeron: -te va a doler
un poco la barriguita, yo pensé: -bueno un poco
vale, tampoco quería defraudar a mis padres y
echarme atrás. Fue la única información
que tuve sobre como iba a transcurrir todo.
Me pasaron a una consulta con una psicóloga que
recuerdo como sonreía y mascaba chicle, al entrar me
dio unos test ya hechos y me dijo que si estaba de
acuerdo, recuerdo que eran test sobre mi imagen
física y el rechazarme a mi misma. Con el dinero por
delante, mucho por cierto, me bajaron a una
habitación (yo ya iba en ayunas como me habían dicho),
me dieron un camisón, un gorro y unos patucos. Me lo
puse y esperé en la cama de la habitación, mientras
estaba allí el mismo ginecólogo que después vi en el
quirófano entró en la habitación y sonriendo me
acarició la barbilla y me dijo "¿tienes miedo?",
todavía no entiendo aquello, ¿qué esperaba, que
estuviese cantando? ¿y aquella sonrisa?
Me llevan a
quirófano y el anestesista me pregunta cuánto pesaba
mas o menos, me echan en la camilla y solo recuerdo
la mascarilla de oxigeno. Me despierto en la
habitación y tengo gasas mojadas en la vagina y
estoy sondada. Me explican que me han pinchado la
bolsa de líquido y por eso están las gasas mojadas.
Yo pensaba que al salir del quirófano todo habría
acabado, pero me quedaba un día entero de
contracciones y parto para expulsar a mi hijo muerto.
Y todavía una enfermera me reñía porque gritaba
mucho y asustaba a las demás.
Creí que
me volvía loca de dolor, solo quería que aquello
parase. Después de un montón de horas
expulsé a mi hijo y vi que la enfermera se lo
llevaba en una especie de plástico. Esa imagen
estará en mis retinas para siempre. Después expulsé
la placenta y pasé la noche en la clínica.
A la mañana
siguiente me hicieron una ecografía para ver si
había quedado algo por expulsar, yo solo pensaba:
-¡no, por Dios, que se haya acabado todo! Estaba
todo bien, me quitaron la sonda, me dieron de
desayunar, una medicación y para casa que según
ellos no pasaba nada.
Fue tan
traumático que lo olvidé todo, seguí con mi pareja y
nunca hablamos del tema para nada hasta los 23 años
que tuve un recuerdo de ese día y empecé a tener
problemas de ansiedad. Caí en una depresión, me
recuperé y volví a olvidarlo todo hasta los 25 que
tuve otra depresión de la que también me recuperé y
esta última a los 28 en la que por fin he puesto
remedio a tanto dolor gracias a
No Más Silencio y
su terapia. Hablé con mi pareja, le conté cómo había
sido el aborto porque parecerá increíble pero no
sabía nada, y conseguí perdonarle, porque todos
estos años sin saber lo que me ocurría estuvo al píe
del cañón y si no fuera por él yo no estaría aquí,
fue mi bastón.
Le conté cómo
había sido la terapia y también se quedo muy
tranquilo. Ahora nos vamos a casar y solo esperamos
seguir con nuestra vida sin olvidarnos de
nuestro hijo Hugo que siempre va
a estar en nuestros corazones.
Con esto quiero
dar esperanza a mujeres que han abortado porque
aunque no lo parezca hay solución,
yo me
estoy recuperando 12 años después del aborto,
y también quiero decirle a las mujeres que están
pensando en hacerlo que piensen bien lo que van a
hacer porque ese día empezarán a morir por dentro.
En cuanto a las clínicas abortivas, pido que
informen sobre lo que va a ocurrir, porque a veces
el miedo te ciega, que nos expliquen también las
consecuencias, pero me parece que es un negocio muy
lucrativo como para empezar a informarnos.
Ánimo a todas
las que habéis pasado por esto: hay esperanza."
Paula.
FUENTE: Testimonios-(vozvictimas.org)

27 SEMANAS
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"Yo aborté hace ya diez
años. Cuando se llevaron el bote con los restos de
mi hijo sentí que me arrancaban la vida”
El seis de febrero Esperanza fue protagonista en La
2 de Últimas preguntas, y los frutos de tan valiente
testimonio no se hicieron esperar. Una chica de 25
años, abandonada por su pareja y embarazada de 12
semanas, vio el programa y dejó de pensar en
abortar. Otra, de 21. Y una tercera de 36, con cita
para abortar, decidió no hacerlo. Las tres se
pusieron en contacto con la
Asociación Víctimas del Aborto,
llamando al teléfono 637 110 328. Esto hace
reflexionar. Desde que Esperanza saltó al terreno de
juego, cambiado el signo del partido. Pero, ¿cuántos
abortos no se habrían ejecutado si se las hubiese
informado antes? ¿Por qué nunca se ha hecho?
Tenía miedo, y como te ofrecen esto, pues te lo
planteas.” Son palabras de Mª Esperanza Puente
Moreno, portavoz de la Asociación Víctimas del
Aborto, dedicada a ayudar a las mujeres que sufren
el síndrome postaborto y de las que el mundo se
olvida tras pasar por caja y por el quirófano.
Por Jesús g. Sánchez-Colomer
Soy portavoz de las Victimas del Aborto porque soy
víctima.
Nunca nadie me informo
de las consecuencias
psicológicas que iba a sufrir tras abortar.
Éste es el comienzo del relato de Mª Esperanza
Puente, que cuenta a
ALBA
los recuerdos de la que ha sido la experiencia más
dura de su vida: el aborto de su segundo hijo hace
ahora diez años.
Lo cuenta para que otras mujeres no cometan el mismo
error. Es un testimonio doloroso, desagradable,
pero, no podía ser de otra manera, es un relato que
rebosa Esperanza, para muchas mujeres y para sus
hijos.
La situación
Te voy a explicar por que soy víctima. Yo era joven
y estaba sola. No tenia nadie a quien acudir. Tienes
un problema importante, estas sola, llena de miedo,
y como te ofrecen esta posibilidad, te lo empiezas a
plantear. El tiempo aprieta cada día que pasa y tu
sigues sola. Así que llame por teléfono a la clínica
Dator.
Yo estaba de tres meses y me dieron cita para el día
siguiente, como con prisa, lo cual es normal, porque
cuanto mas tiempo tengas para pensar, para
reflexionar, menos les conviene a ellos; no en vano,
los abortistas viven, y muy bien, del drama de estas
mujeres.
Al día siguiente fui a la clínica. Es algo extraño
porque tu no quieres ir, pero la soledad te lleva,
no te queda otra, es lo único que te ofrecen.
Yo esperaba algo de información, y lo que me
encontré en la Dator fue una situación surrealista.
Allí no hay una mirada amable por ningún sitio, hay
mucha frialdad.
En la gente, en el ambiente.
Ni una sonrisa. Te pasan a una sala de espera en la
que solo se oyen murmullos, y se tiene una visión
tétrica: las caras de las mujeres que allí estamos.
Esas caras no se me olvidan nunca. !No quiero!
Esperanza asegura que incluso después de tanto
tiempo, tu mente guarda recuerdos que crees olvidar,
impresionantes, pero tu conciencia humana natural te
indica que no esta bien lo que has hecho.
Eso esta ahí y por un motivo sin determinar, salta
en tu cabeza en un momento dado.
Entonces comienza el mayor sufrimiento psicológico
al que se puede enfrentar una mujer: el síndrome
postaborto, el hecho de asumir la muerte no natural
de su hijo en su propio seno. No necesitas ser
creyente ni nada. Es algo irreversible que has
hecho, que queda ahí para siempre, latente, pero que
salta algún día. Lo has hecho, no tiene remedio y
eso es algo que no te cuentan en ningún sitio.
Por eso soy victima. Esperanza ha contado esta
historia varias veces en los últimos meses, y aun
así tiene que recuperar el aliento para enfrentarse
al relato, porque espera que ayude a muchas mujeres,
y cuya parte mas dura comienza en un primer
reconocimiento.
El medico no te dice absolutamente nada.
Mientras te examina, por supuesto tu no ves la
pantalla del ecógrafo. Verifica una serie de cosas y
te mandan de vuelta a la sala. Tu miras las caras.
Las chicas mas jóvenes recuerdo que lloraban bajito,
sin hacer ruido. Nadie comentaba nada con nadie y
reinaba el silencio, cuando en tu interior gritabas
muy fuerte: !no quiero! Pero son gritos ahogados,
que no escucha ni quien tienes al lado, solo los
oyes tú.
Entonces pasas al psicólogo y esperas que te diga
algo, y no te dice nada. Quieres que te digan que no
lo hagas. Pero al revés, te dicen que no pasa nada,
que es algo muy sencillo, muy fácil, y que cuando
acabes, te vas a casa como si nada, cuando la
realidad llega después. La cosa es que el psicólogo
te descuadra todo, porque esperas una mínima
explicación, y allí no te dan ninguna. Esperanza aun
se muestra sorprendida, diez anos después, al
recordar el trato de un psicólogo únicamente
preocupado en que pasara al quirófano para poder
cobrar, sin importarle su situación, ni las
consecuencias ni nada de lo que rodea a una mujer
que, bajo tanta presión, se somete a un acto tan
duro.
Luego se olvidan de ti: “Te pregunta qué tal estás,
que con la cara que llevas no hace falta ni que
contestes, y te dice que tienes que firmar un
consentimiento informado.” Este documento es de
obligado cumplimiento cada vez que una persona se
somete a una intervención. La vigilancia y el
interés que se pone en este documento es extremo,
pues de él depende que una persona acepte o no el
someterse a una intervención médica, sabiendo
siempre sus posibles consecuencias. Para ello la
información médica ha de ser rigurosa, transparente
y completa, “algo que no se da en el abortorio,
porque no te explican nada sobre las consecuencias
psicológicas que se pueden dar. Al revés, se da por
hecho que tú quieres abortar, que no vas a sufrir
consecuencias negativas psicológicas.
Ni se preocupan por eso, y eso es real. En el
documento escrito que te dan no dice nada de las
consecuencias psicológicas o de los posibles traumas
que pudieran darse, ni siquiera lo menciona como
posibilidad. Te dicen que no pasa nada, que es muy
rápido y que en cuanto acabe, te vas a casa, como si
nada. En ese momento te sientes totalmente ida,
desamparada. No eres persona. No te preguntan por
qué puede suponer un mal para ti el seguir adelante
con tu embarazo, que se supone que es el supuesto al
que te acoges. Te informan menos que cuando te vas a
sacar una muela. Te lo hacen y se olvidan de ti. Y
tú apáñatelas como puedas.
La intervención: “Tras hablar con el psicólogo te
vuelven a pasar a la sala.
Estás desorientada. Al rato te vuelven a llamar y te
dicen que te desnudes, sin pudor alguno; no te dan
una bata ni nada, y vas desnuda hasta la camilla, y
una vez que te colocas igual que si fueses a dar a
luz, entra el médico. Recuerdo que tras ponerme una
anestesia local, me dijo que como no me
tranquilizase, íbamos a estar hasta mañana, y que me
iba a doler más. Hizo la intervención. Es rápida y
muy molesta. Yo estaba mirando al techo gritando
¡pare!, pero sin gritar. Quería salir corriendo de
allí, pero no puedes. Es tan duro asumir lo que está
pasando como la manera en que está pasando. Al
tiempo que el médico hace su trabajo, las enfermeras
tienen una conversación paralela.
No están pendientes de ti.” Esperanza, mientras se
acerca a esta parte de su relato, ya no puede
contener las lágrimas, y a duras penas prosigue con
lo más atroz del aborto, que fue ver los restos de
su hijo metidos en un bote: “Lo echan en un
recipiente de cristal y se queda ahí, apartado en un
lado. Tú lo ves. Es curioso cómo antes del aborto no
te dejan ver la pantalla del ecógrafo por si te
arrepientes, pero una vez que estás en la camilla,
les das igual. Lo dejan allí apartado, lo ves. Si
estás de tres meses, no ves sólo líquido.
Yo vi trocitos de carne.
Luego una enfermera se lleva el bote. En ese momento
es como si te arrancasen con él la vida. Lo sientes
aquí dentro”, dice Esperanza golpeándose el pecho,
“tu vida se va tras el recipiente, y ya no vuelves a
ser la misma nunca. Te han arrancado de cuajo tu
personalidad, tu vida, tu integridad.
Lo notas salir de dentro.
Y se lo llevan como el que carga un saco de patatas.
Esa imagen no se te borra de la mente en la vida.”
Esperanza continúa con el testimonio sin parar,
porque si para, se viene abajo. Se lo sabe casi de
carrerilla de haberlo repasado quién sabe cuántas
veces en su memoria.
“Te vistes como puedes, sola, nadie te ayuda, y
pasas a una salita diferente a la anterior, porque
no permiten que las chicas que están esperando vean
cómo te sacan de allí. Al final aparece una
enfermera, te pregunta si te mareas, y si le dices
‘no’, te contesta: ‘Pues hala, ya puedes irte a
casa’.” En la calle “Quieres salir a ver si te da el
aire, pero dentro te has dejado algo, no estás
entera, y se te cae el mundo. No sé ni cómo llegué a
casa. Era viernes y estuve los tres días metida en
la cama, sin levantarme ni para comer ni para ir al
baño. Pero llega el lunes. Así que te levantas, te
vistes, y te vas a trabajar.
Como si nada. Eres otra, pero la gente no lo sabe.
Es imposible llevar algo así.” Sobre el síndrome
postaborto, Esperanza apunta como factor
determinante el “no poder perdonarte. De las chicas
con las que he hablado yo, les pasa de todo. Algunas
ven a lo mejor un niño de cuatro años, que es la
edad que debería tener su hijo, y se echan a llorar.
Es algo que puede salir enseguida, a los cinco años
o a los veinte, por un programa de TV, o por algo
que cuenta una vecina. Eso está latente ahí, y un
día salta. Entonces prepárate, porque en España
nadie da ayuda para superar esta patología. Estás
sola.
Manipulación “Los médicos del Estado no ofrecen
ayuda, el Estado no informa, los medios de
comunicación manipulan. Te lanzan el mensaje de que
abortar es libertad, es progreso, de que no pasa
nada. Por lo que no puedes contar tu caso, porque te
tratan como si fueses rara. Te hacen un juicio.
Pero los medios de comunicación deben informar. ¿Por
qué no se televisa un aborto? Hemos visto imágenes
de todo tipo, pero jamás hemos visto un aborto.
Nadie dice qué es lo que pasa allí. Hablan del
aborto como si no fuese nada, como si fuese normal,
y eso te hace daño; lo que dicen respecto al aborto
el Estado y los medios es todo mentira. Por favor,
que empiecen a hablar, a decir la verdad.
A llamar al pan, pan.
Que sean valientes. Hoy te venden que tienes que ser
joven, divertirte, que cómo vas a atarte con un
hijo... ¡Ahí se habla de hijo! Ésa es la
manipulación.
Si es hijo para atarte, es hijo también para hablar
de abortar, guste o no guste. Los conceptos hay que
aclararlos, porque no tenemos ni idea.” Esperanza ha
terminado el testimonio de algo que le sucedió hace
ya diez años. En este tiempo ha solicitado ayuda
médica, y nadie se la ha dado excepto la Asociación
de Víctimas del Aborto de la que ahora es portavoz,
una asociación que “sí es feminista, porque el
aborto es algo que nos afecta a todas las mujeres,
ya que es en nosotras en el lugar donde se transmite
la vida, o donde se elimina”. Lo dice una víctima
que se ha atrevido a contar los que casi nadie dice:
el aborto es un mal; posiblemente, el mayor de
todos.
Por darnos tu valiente testimonio, gracias
Esperanza.
Del 19 al 25 de febrero de 2005 // Semanario
ALBA
FUENTE: Testimonios-(vozvictimas.org)

28 SEMANAS

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"Yo
aborté y nunca volvería a
hacerlo. En la "clínica" Isadora de
Madrid me trataron fatal".
Tan solo llevaba
viviendo tres meses en España cuando me quedé
embarazada. Tenía 24 años, y ni mi esposo ni yo
quisimos decírselo a nuestra familia de Marruecos.
Pero estábamos convencidos de que era imposible
tenerlo: no conocíamos el idioma, no teníamos
permiso de residencia, ni trabajo, ni muchísimo
menos dinero. Así que, cuando mi embarazo estaba ya
en su segundo mes, tomamos la decisión de no seguir
con él. ¿Qué más podíamos hacer? ¿Quién
nos iba a ayudar?
Nuestros parientes
y amigos en España nos aconsejaron acudir a los
Servicios Sociales para solicitarlo. Estábamos muy
angustiados, pero a pesar de no tener papeles ni
recursos económicos, lo conseguimos. Los trámites se
alargaron hasta que rocé el cuarto mes de embarazo.
Fue entonces cuando los Servicios Sociales de la
Comunidad de Madrid consiguieron tramitar el aborto.
Y pagármelo, claro.
En la "clínica"
Isadora de Madrid me dieron la hoja de
consentimiento informado unos minutos antes de
entrar en el quirófano. No me dijeron que la leyera:
me pidieron que la firmara directamente. A pesar de
ser extranjera, entendí algunas de los peligros para
la salud que leí de un vistazo. Me dio igual. Mi
decisión estaba tomada ya.
Como la anestesia
fue total, me desperté sin recordar nada de la
intervención. Pero de lo que estaba segura, sin el
menor asomo de duda, es que lo que se había perdido
para siempre era un niño. Mi hijo.
A las pocas horas
me fui de la clínica. Al menos me dieron un teléfono
de urgencias al que llamar. No sufrí ninguna
hemorragia, así que no tuve que volver por allí.
Pensaba que al salir de la clínica todo habría
terminado. Pero no fue así. Empezaba algo mucho peor.
No podía conciliar
el sueño. Lo único que hacía era pensar en el niño
que ya no estaba dentro de mí. Sabía que había
tenido vida en mi interior y que ya no la tenía.
Comencé a sufrir insomnio, pesadillas, a llorar
incontroladamente, a recordar a mi hijo cada mes que
pasaba. Estaba convencida de que no podría aguantar
esta tortura. Mi carácter empezó a alterarse y yo no
era capaz de controlar mi temperamento. Me daba
miedo enloquecer.
Y pocos meses
después una noticia cambio todo de nuevo. Me quedé
embarazada otra vez, y mi situación era muy parecida:
sin trabajo, sin papeles, con lo básico para
sobrevivir. La única persona que nos ayudaba era una
tía de mi marido. Por lo demás, estábamos solos. Mi
esposo quiso llevarme a un Centro de Salud para
solicitar otro aborto. Pero esa vez me negué sin
dudarlo. No luchaba solo por mi hijo. También lo
hacía por mí: sería incapaz de resistir de nuevo un
aborto y sus consecuencias. Le dije a mi marido que
tendría ese niño incluso por encima de mi matrimonio
si fuese necesario. Hasta pensé en el divorcio.
Pero mi esposo,
aún así, concertó una cita en los Servicios Sociales.
Así que una noche me levanté y estuve caminando
durante todo el día. Cuando volví a casa, le dije:
“Yo le alimentaré y le vestiré. Incluso le querré si
tu no eres capaz de hacerlo”.
Y hoy estoy
embarazada de ocho meses. Está claro que la historia
acaba bien. Mi marido está ahora contento. Y yo
estoy mucho mejor.
FUENTE:
Testimonios-(vozvictimas.org)

29 SEMANAS

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Yo aborté hace dos
años en Andalucía.
Yo
aborté hace dos años en
Andalucía. ¿Quieres conocer mi historia?
Reproducimos
aquí,
por su gran interés, el testimonio de una mujer
joven que sufrió un aborto provocado hace dos años
en Andalucía. Lucía Fernández
es española. Ahora tiene 30 años. La
entrevistamos recientemente para que nos contara qué
es el aborto y cómo lo vive la mujer.
"Cuéntanos como
empezó todo.
He tenido dos
embarazos. El primero terminó en aborto provocado.
El segundo, una niña. Sobre el primero, pues sucedió
lo “típico”. Estaba con mi pareja, pasa lo de las
relaciones sexuales y quedarse embarazada... y él
dice que lo de tener hijos lo dejemos para más
adelante, que somos jóvenes. Estábamos ya mal,
estábamos muy mal y yo no me imaginaba lo que iba a
pasar después...
¿Cómo te enteraste
de que estabas embarazada?
Por la prueba del
embarazo. La compré en la farmacia: Predictor®.
¿Y tú querías
seguir adelante?
Yo estaba contenta
con mi embarazo pero sabía que él no querría tener
al bebé. Él me dijo: “Lucía, que somos jóvenes, hay
mucho tiempo”. Añadía otras cosas como diciendo “Si
ahora lo tienes te voy a dejar”. Una especie de
chantaje, o sea, yo ya no tenía a nadie en quien
confiar, de ninguna clase, no tenía amigas, no tenía
a nadie, solo a él, y si me dejaba...
Estabas atada a él.
Si, económicamente
atada, atada y lo quería con locura. Finalmente me
convenció, le costó, le costó bastante. Estaba
cariñoso, cosa que no estaba nunca, y hacía cosas
que no hacía antes, besitos, muestras de cariño
frecuentes...
Quería conseguir que
accedieras a abortar, claro.
Claro, sí, exacto. Él
decía que no tenía dinero, estaba todo el día
quejándose de que no teníamos medios y en cuanto se
enteró de que estaba embarazada, ya tenía el dinero
preparado para el aborto.
¿Sabes cuánto costó?
Pagó él, 240 euros
creo (unas 40.000 pesetas).
Y vosotros ¿estabais
solos? ¿él y tú? ¿No había otra gente que te pudiera
ayudar para tener al niño?
No, no, yo estaba
sola, no encontré ayuda. Él sí tenía relación con su
familia, yo no.
¿Cómo fue el aborto?
Fui totalmente
bebida al aborto… porque no quería hacerlo.
Realmente estaba muy presionada… El día que fui me
hicieron todo: ecografía, visita del psiquiatra y
luego el ginecólogo que me lo hizo. No sé, era como
que el médico tenía miedo, me hacía muchas preguntas
como “¿Por qué venís a esta clínica?” Parecía que
tuviera miedo de estar haciendo el aborto. Creo que
era argentino. Nadie me ofreció otras
alternativas al aborto ni me contaron lo que iba a
sufrir después por ello. He conocido
ahora que tenía derecho a conocer las repercusiones
y las secuelas que podía tener por ley, pero a mí no
me dijeron nada de esto. ¿Por qué?
¿Cuál fue el método
abortivo que usaron contigo?
Me hicieron el aborto
con el método de aspiración. Con el aspirador es
como si te arrancaran un trozo... es que tú sientes
que te están arrancando parte de tu cuerpo. ¡Es
horrible!
¿Has tenido tristeza
o lo que se llama la depresión del aniversario, es
decir, al año de la operación o en la supuesta fecha
de nacimiento del niño?
Empecé a beber
alcohol, comencé a encontrarme fatal de ánimo, todo
por el aborto. A mí, cuando veo a un niño de unos
cuatro o cinco años, pues se me escapan las lágrimas.
Es la edad que tendría mi hijo si viviera… Lo del
aniversario del aborto y su fecha de nacimiento lo
sufro mucho. He tenido un intento de suicidio.
¿Has pasado noches
sin dormir con ansiedad?
Después del aborto he
tenido mucha ansiedad, sí.
¿Y cómo acabó la
relación con él?
El
otro embarazo fue precisamente por el remordimiento
que tenía, buscando, pensando, que iba a reparar.
Estábamos muy mal ya. Finalmente dejamos la relación.
¿Con el embarazo de
la niña, has tenido sueños de que perdías a la niña
o algo relacionado?
Soñaba que me quitaban a la niña, todos los días
soñaba que venía la policía y se la llevaban, que yo
no era digna de tenerla. Estuve tomando durante el
embarazo Valium®. Cuando nació la niña, ésta tuvo
algo de síndrome de abstinencia. Ahora necesito
tomar Orfidal® para dormir.
En relación con los
médicos, ¿qué nos comentas?
Tengo pánico a los médicos, ¡ufff!! Para una
revisión ginecológica, al final ha tenido que ser
una mujer ¡una mujer! Pero sólo porque era una mujer,
era incapaz de que me viera un hombre después del
aborto.
¿Tú eras una persona
religiosa?
No, no lo era. Era
atea. Yo era muy “feminista” y lo veía sólo desde el
punto de vista de la mujer. Un punto de vista falso
e imparcial. Ahora no, ahora veo al niño.
El
aborto que cometí no quiero intentar olvidarlo, es
una cosa que está ahí y la asumo. Es que no quiero
quitarle la importancia que tiene. Es como quien
mata a alguien y con estar cuatro años en la cárcel
ya está todo bien. Uno tiene que reparar y seguir
mirando hacia delante, pero asumir que ha hecho
cosas mal. El aborto es algo muy malo para la mujer.
Yo
creo que fui responsable de este error pero tuve un
margen de elección muy pequeño: cuando lo veo ahora…
creo que realmente no tuve la suficiente libertad
como para poder elegir lo mejor para mí. No había
tiempo que perder y con tanta presión de mi pareja…
y la falta de ayuda de los médicos de esas clínicas
abortistas… Cuando me vieron que fui a abortar
totalmente borracha debían haberse dado cuenta de
que no quería realmente hacerlo. Pero esos médicos
mataron a mi hijo y me hicieron cómplice de algo
horrible… cosa de la cual me arrepiento y le pido a
todo el mundo que no dejen que se siga haciendo.
El
aborto no soluciona nada, es otro problema más y
encima, han hecho un negocio conmigo y con mi
difunto hijo."
Publicado con nota de prensa de AVA

32 semanas
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Primera persona: el problema del aborto en una
pareja de estudiantes
Raúl, 23
años, estudiante: “Ni miramos la ecografía. Era de
seis semanas. En dos horas abandonamos la clínica”.
La
historia: Un embarazo no deseado
Los protagonistas:
Raúl y Rosa. Estudiantes.
Sus edades: 20 años (ella), 23 (él)
El desenlace: Un aborto ¿evitable?
“Me considero un chico como tantos”
Soy un estudiante normal. Me gusta viajar, el
deporte, escribir, la música.
Divertirme con mis amigos... Soy de izquierdas. Me
siento comprometido con
las personas más desfavorecidas y no soporto las
injusticias. He sido
voluntario en varias ong´s .
Desde los 17 años mantengo relaciones sexuales. En
todo momento he tenido
precauciones. Usando preservativo estaba seguro. Así
me lo habían transmitido
mis amigos, los anuncios de la televisión, la
sociedad... Y los compraba
en farmacias porque me fiaba más”.
“ Empecé a salir con Rosa: conectamos
enseguida”
Conocí a Rosa tras romper con otra chica. Conecté
pronto con ella: me
comprendía y no se enfadaba cuando yo necesitaba
salir solo con mis amigos.
Con ella estaba -estoy- muy a gusto. Al mes y medio
de salir juntos “surgió”
tener relaciones sexuales.
La historia trágica vino después. Se debió romper el
preservativo sin darnos
cuenta y tuvimos la mala suerte de que coincidió con
sus días fértiles.
Otras veces, si notábamos que algo no iba bien,
cambiaba de preservativo o
parábamos porque ya no nos apetecía seguir. Pero
esta vez fue distinto.
“A los dos meses de conocernos, tuvo
una falta”
Rosa tuvo su primera
falta. Ella me decía: “Tranquilo, ya me vendrá (la
regla); algunas veces he tenido retrasos”. Pero los
días pasaban y a las
tres semanas la acompañé a la farmacia para hacer el
test del embarazo. Dio
positivo. No me lo quería creer pero ella estaba
embarazada.
Rosa se puso a llorar y yo estaba perplejo pero la
abracé, la besé y le
dije que estaba con ella y que no la iba a dejar.
Sólo llevábamos dos meses
saliendo –estaba conociéndola- y esto nos parecía
tan poco tiempo que nos
influyó para no seguir adelante con la gestación. ¿Qué
hacemos? ¡Como diga algo
en casa me matan!”, me dijo ella.
Mi madre me había en varias ocasiones: “Si dejas a
una chica embarazada me
das el mayor disgusto de mi vida”.Así que me callé ¿Cómo
iba a explicarles que sí,
que estaba esperando y sólo con 20 años? Teníamos
mucho miedo.
“No dijimos nada en casa y fuimos a
la clínica”
Optamos por no explicar
nada a nuestros padres y solucionarlo por nuestra
cuenta. Pensé que es la chica la que debe
decidir si quiere continuar con la
gestación y el chico tiene que apoyar su
decisión. (Han pasado siete meses y
ahora creo que el chico tiene mucho más que
decir). Al día siguiente nos
volvimos a ver. Le dije es que no me
separaría de ella de ningún modo. “Yo
ahora no me veo preparada para ser madre”, me
dijo. Yo le respondí que si
ella no lo quería tener, no tendría por qué
hacerlo. También pensé que
cuanto antes procediéramos al aborto antes nos
libraríamos del problema y
que había que actuar rápido: había oído que al
avanzar el embarazo había
mayor peligro para la salud de ella.
Dos días después estábamos en la recepción de una
clínica pidiendo una cita
para la interrupción voluntaria del embarazo. (Cuando
recuerdo el momento, se me
pone un nudo en la garganta). Nuestra actitud era de
resignación. Un amigo a
quién consulté me dijo que abortar era lo mejor.
Tras varias preguntas, la enfermera nos dijo que
Rosa estaba de cinco
semanas. Y que “en ese estado costaba 300 € con
anestesia local y 390 € con
anestesia general”. Elegimos la segunda y
pagamos la factura a medias y por
adelantado con nuestros ahorros. Tuvimos
cuatro días de espera que los
pasamos resignados convencidos de que no
teníamos otra solución. Yo me
sentía como atontado, sin poder pensar con
claridad. A Rosa le pasaba lo
mismo. Sólo se lo contó a un par de amigas”.
También recuerdo con los pelos
de punta cuando ella me dijo que sentía mucho
que yo estuviera pasando por
todo esto por su culpa...
“No quisimos ni mirar la ecografía.
En dos horas se acabó todo”
Esa mañana nos saltamos una clase y quedamos para ir
a la clínica. Antes de la
intervención nos entrevistó un psiquiatra para
asegurarse de que ella no
deseaba seguir adelante con el aborto. Un análisis
de sangre y una revisión
ginecológica y... es la parte más dura. Recuerdo
tener los ojos vidriosos y
tristes. Entonces vino la ecografía (era la primera
del embarazo). Yo no quise
mirar la pantalla del ecógrafo. No quería guardar
esa imagen. Ella, por su
posición, tampoco pudo ver nada. “Está aquí; es una
gestación de seis semanas”,
dijo el médico.
Mientras esperaba en la sala, pensé que la quería y
me sentía muy culpable de
que estuviera pasando por esto. Pronto me dijeron
que ya podía verla. La
enfermera nos explicó que tenía que permanecer allí
hasta que se acabase el
suero: una hora y media, si se encontraba bien. Se
encontraba perfecta y sólo
le escocía un poco. Al cabo de un rato, se levantó,
se vistió y en cuanto
estuvo bien, nos fuimos. Unos antibióticos
y una
revisión a los 10 días y
todo acabó. ¡Ya se había pasado todo en menos de 3
horas y a los cinco o seis
días de saber que Rosa estaba embarazada!.
A partir del mes, empezamos a
sentirnos mal
A la semana, parecía que
estábamos bien de ánimo. Ni siquiera lloramos, y
nuestra relación siguió adelante. Pensamos
que íbamos a tratar de darle la
menor importancia, que no nos iba a volver a
pasar esto jamás. En realidad,
sientes que te has quitado un problema de
encima los primeros días. Sin
embargo, a partir del mes, en los dos comenzó
a aflorar un sentimiento de
culpa por lo que habíamos hecho. Algo nos
decía que podíamos haber tomado
otra decisión. Te sientes aludido por mil
cosas: no paras de ver embarazadas
por la calle, en las películas todo te suena
a embarazo, a hijos... Siento
que antes me veía a mí mismo como una buena
persona y ahora no me veo así,
aunque creo que tengo un buen corazón.
“Rosa pasaba noches enteras sin
dormir. Yo también”
En casa me notaron más triste pero nada más. No
quería salir de copas con
mis amigos, no me apetecía jugar al fútbol...
Parece mentira que sólo hayan pasado unos meses
desde aquello pero me he
dado cuenta de que ahora pienso de una forma muy
diferente. Ahora sé que mi
madre, a pesar del disgusto, me habría ayudado. En
aquel momento creí que
nuestros padres pasarían mucha vergüenza y les iba a
afectar a su imagen
social. Más que el dinero y el coste de tener un
hijo, me aterraba que mi
relación con Rosa fuera mal y el niño estuviera en
medio.
Veo todo diferente y, por ahora, no hemos vuelto a
tener relaciones
sexuales. En esto estamos de acuerdo los dos. No
tenemos ninguna prisa,
queremos cuidarnos, mimarnos, ponerle mucha calma a
nuestra vida. Deseamos
de algo tan negativo, sacar algo bueno. Hemos
llegado a la conclusión de que
hemos hecho mal con lo del aborto, y eso lo vimos al
mes de hacerlo. Ahora
lo que quiero es verla sonreír. Y si volviera a
pasar, se lo diríamos a
nuestros padres.
“Tres meses después tuve que pedir
ayuda”
¿Cómo salí de todo esto?
Tres meses después del aborto tuve que buscar
ayuda. Incluso, pensé en ir a un psicólogo. Al
final, recurrí a un cura que
conocía en mi parroquia que se portó genial conmigo
e intentó comprenderme y
echarme una mano. Fue una auténtica terapia para mí.
¿Qué me queda? Intentar
ser el de antes: ayudar, hacer reír a mis amigos.
También crear nuestra
propia familia. En esto estamos de acuerdo Rosa y yo”.
Sumarios
“Se te bloquea la mente, no puedes pensar, ni
analizar lo que te ocurre.
Sólo deseas que el problema desaparezca”.
“Cuando pasan las semanas, rebobinas y analizas: ¿No
nos habrían ayudado
nuestros padres? ¿Hemos hecho lo mejor? “
Los datos
. En España, se practican al año 80.000 abortos
voluntarios.
. Un 50 por ciento de los embarazos en adolescentes,
menores de 20 años,
acaba en aborto.
.El 59 por ciento de las mujeres que abortan tienen
altas probabilidades de
sufrir problemas psiquiátricos.
. El 25 por ciento de las mujeres que abortan ya
había abortado antes.
Quién te ayuda
Si estás embarazada y quieres seguir adelante, pero
necesitas ayuda acude
a...
Ong´s:
.Fundación Madrina: 902 323329
www.madrina.org
. Adevida. En Madrid: Campomanes,10. Tel: 91
15482526. En Barcelona:
Bonaplata, 42. Tel: 93
Organismos públicos:
Dirección General de Juventud. Consejería de
Educación. Tel: 902 510610.
www.madrid.org/inforjoven
Departamento de Bienestar y Familia de la
Generalitat de Catalunya. Tel: 900
300 500 ó Tel. atención ciudadana: 012.
Para saber más
.Instituto de Economía y Geografía del Consejo
Superior de Investigaciones
Científicas
www.ieg.csic.es
Instituto de Política Familiar.
www.ipfe.org
www.nomassilencio.com
FUENTE:
Testimonios-(vozvictimas.org)

33
semana
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Seis mujeres relatan el
infierno en el que han estado inmersas tras terminar
con su embarazo
El aborto no es una simple «operación médica». Así
lo confirman muchos testimonios de mujeres que han
pasado por esta experiencia. El desconocimiento del
síndrome post aborto ha llevado a millones de
mujeres en el mundo a recurrir a él. Depresión,
pesadillas, actitudes agresivas, sentimiento de
culpa, pérdida de identidad o trastornos
alimentarios; éstas son algunas de las consecuencias
que conlleva la decisión de acabar con una vida
humana antes de nacer. Varias mujeres han ofrecido
sus testimonios como prueba de que el síndrome
existe y de que se puede superar. Teresa Martín/Sara
Martín
Madrid- «El 98 por ciento de las mujeres que ha
abortado está trastornada por ello, ya sea para toda
la vida o por poco tiempo». Esto lo asegura la
estadounidense Nancy-Jo Mann quien, en 1984, diez
años después de abortar, fundó la Asociación de
Mujeres Explotadas por el Aborto (WEBA). Abortó a
los cinco meses y medio porque su marido la había
abandonado, tenía dos hijos más y no disponía de
recursos. «Experimenté cómo mi hija se retorcía
dentro del vientre mientras la ahogaban y
extrangulaban para matarla», asegura. Después dio a
luz a una niña muerta que tuvo en sus manos hasta
que las enfermeras «la cogieron y la echaron a una
palangana». Su testimonio es uno más de los que
aparecen en el libro «Myriam... ¿por qué lloras?» de
la editorial Noticias Cristianas que impulsa Jaime
Solá. Un libro en el que muchas mujeres relatan sus
experiencias tras el aborto.
Magda es otra de las mujeres que se quedó embarazada
debido a una violación y decidió abortar después de
muchas vacilaciones. «Siempre dudé de mi decisión
porque la consideraba como un asesinato», afirma.
«Mi primer pensamiento después de abortar fue ¿Qué
he hecho! , y quise suicidarme».
Aborto en la juventud. En los últimos años han
aumentado los casos de jóvenes que se quedan
embarazadas y recurren al aborto. Uno de ellos es el
de Mónica, una joven de 18 años que decidió abortar
en Suiza cuando estaba embarazada de un mes. Aún
estaba estudiando y su madre pensó que era la
solución más cómoda. «Después de la intervención, el
problema había desaparecido». Diez años más tarde,
Mónica se casó y quiso tener un hijo, pero no podía
quedarse embarazada y tuvo que acudir a la misma
clínica en la que le habían practicado el aborto.
Finalmente consiguió ser madre y, después de esa
experiencia, Mónica se dio cuenta de que podría
haber tomado otra decisión diferente al aborto.
Muchas de ellas se sintieron perdonadas cuando se
volvieron hacia Dios. Así lo cuenta María Ana, que
vio practicar por primera vez un aborto justo en el
momento en que tenía que decidir si ella misma iba a
abortar. Estaba embarazada de diez semanas: «Se
podía apreciar el sexo y ya tenía uñas». Después de
abortar sus preocupaciones económicas habían «desaparecido».
Cuando María Ana se casó empezó a arrepentirse de su
decisión y pensó que sólo Dios podría ayudarla: «¿Cuánta
paciencia y amor tiene Dios con nosotros, y qué
preciosa es cada vida!».
Más tarde, María Ana tuvo que pedir perdón a sus
hijos «por haberles robado a sus dos hermanas». Otra
de las mujeres que acudió a Dios tras abortar tenía
21 años: «Perdí mi trabajo, fui incapaz de tener
ninguna relación y comenzó mi dependencia de los
calmantes y el alcohol». Después de cinco años pudo
«aceptar el perdón de Jesucristo».
El silenciamiento del aborto. En todos los
testimonios del libro hay un elemento común: ninguna
sabía cómo se practicaba un aborto ni conocía sus
consecuencias. Las mujeres que han abortado también
acusan a los médicos y a las instituciones de
silenciar la verdad sobre el aborto «y sus
consecuencias para la madre», en parte por el
lenguaje técnico de la medicina y también por la
terminología que «oculta y embellece el suceso
verdadero».
Aunque algunas mujeres abortaron varias veces,
acabaron deseando tener un hijo: «He abortado cinco
veces.. Con el sexto embarazo ya no puede hacerlo.
Hoy a los treinta y tres años soy una ruina».
FUENTE:
Testimonios-(vozvictimas.org)

33
semanas +
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En 1979
después de haberme practicado dos abortos, comencé
un entrenamiento en ultrasonidos (ecografía o
sonogramas) para especializarme como radióloga.
Cuando hice el primer examen de ultrasonidos en una
mujer que tenía nueve semanas de embarazo, pude ver
en la pantalla la imagen de un niño muy pequeño
completamente formado y moviéndose. Se veía saltar
feto y pude identificar como el corazón le latía,
sus dedos y sus ojos. Podía medirlo,el feto medía
aproximadamente una pulgada y ya todos sus órganos
estaban formados. Lo que contemplé fue para mí como
si me diesen una bofetada: en la imagen del
ultrasonido vi un reflejo de mi pasado. Desde
entonces, todos los días, cuando hago ecografías y
veo a niños por nacer vivos en el vientre de sus
madres, recuerdo mis propios abortos. Durante un
tiempo mis noches estaban llenas de pesadillas y el
día lo pasaba entre súbitos ataques de ira, tristeza
u hostilidad. Puesto que recibí una educación
cristiana, un día recordé a Jesús, el amigo de mi
niñez. Fui a un lugar tranquilo en la playa y le
abrí a Él mi corazón. Derramé lágrimas de
arrepentimiento y le ofrecí a Él todo mi dolor. Recé
y le pedí a Jesús por estos niños. Todo mi dolor, mi
tristeza, la ira y el odio que me embargaban
desaparecieron y fueron reemplazados por una paz
plena, paz que sólo puede provenir de Cristo. Nota:
Shari Richard es autora del video "Una ventana al
seno materno", que distribuye Vida Humana
Internacional y presidenta de Sound Wave Images (Imagenes
de Ultrasonidos), 2422 Harness, West Bloomfield, MI.
48324, U.S.A.; (810) 360-0743.
FUENTE:Testimonios
(familiayvida.com)

36 semanas
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Les dije a los miembros
de mi iglesia que yo había matado a mi propio bebé.
Creí que ellos nunca podrían perdonarme. En mi mente
el aborto era un pecado imperdonable. Al terminar de
hablar, para mi mayor sorpresa, se me acercaron las
personas que me habían sacado del negocio del aborto
y me abrazaron con gran cariño. En su mirada llena
de ternura veía los ojos de un Dios lleno de amor y
de perdón. No podía creerlo y me puse a llorar. En
ese momento, por medio de la aceptación de Su
pueblo, Dios me purificó con Su amor - Su amor
incondicional. Esa noche supe que la sangre de
Jesucristo derramada por mí en la cruz me cubrió
completamente todos mis pecados. Ahora ya no era la
"Dama Escarlata", cubierta con la sangre de más de
35,000 niños abortados incluyendo a mi hijo. La Dama
Escarlata estaba ya cubierta con la sangre de Cristo.
Nota: Carol Everett es autora del libro "Scarlet
Lady", y es presidenta de "Life Network", 17430
Campbell Rd., Suite 206, Dallas, TX. 75252, U.S.A.;
(214) 931-2273. Tomado de la revista "Celebrate
Life" Marzo-Abril 1996. Una experta en psicología
relata un caso clínico En una ocasión llegó a mi
gabinete una chica joven, de menos de treinta años,
acompañada de una amiga. No podía estar sola en
casa, porque sentía miedo. Cuando estaba en casa se
cerraba con llave y decía que sentía un temor
tremendo. Se sentaba en un rincón de la cocina y
temblaba. No podía dormir. Después de varias
sesiones, me dijo que los días 19 de cada mes eran
horribles, que tenía que ir algún familiar a estar
con ella hasta que llegara su marido. Al fin me
explicó que hacía unos cuantos años había abortado y
que el 19 de cada mes contaba ella las "faltas" de
la menstruación. Cuando se perdonó a sí misma y
pidió perdón a Dios se sintió mejor. FUENTE: María
Pilar Ruiz Martínez, "Síndrome postaborto," VI Curso
Nacional de Formación 1993, Asociación Jóvenes Pro
vida de Bilbao.
FUENTE:Testimonios
(familiayvida.com)
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EXPRESA EN ESTE
LIBRO TU IDEA SOBRE EL ABORTO, CUENTA TU EXPERIENCIA
SI HAS PASADO POR UN ABORTO, SI ESTUVISTE A PUNTO DE
REALIZARLO O SI ERES UN SER HUMANO QUE SOBREVIVIO A
UN ABORTO. TU TESTIMONIO PUEDEN SER DE MUCHA AYUDA
PARA OTROS
GRACIAS
DEJAR TU COMENTARIO
pulsando aqui |

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